En el nuevo mapa global de los minerales críticos, el litio ha dejado de ser una promesa para consolidarse como un insumo estructural de la transición energética. En ese escenario, el Triángulo del Litio —que integran Chile, Argentina y Bolivia— no solo concentra reservas estratégicas, sino también la oportunidad de establecer estándares para una industria que será determinante en las próximas décadas.
Chile, uno de los principales productores mundiales, ha optado por avanzar en una dirección distinta: no solo aumentar su capacidad productiva, sino redefinir las condiciones bajo las cuales esa producción se desarrolla. Este giro se expresa en la creación del Instituto Nacional de Litio y Salares (INLiSa), una institucionalidad que articula ciencia, tecnología, datos e innovación para construir un modelo de desarrollo basado en evidencia y valor público .
Más que un organismo técnico, INLiSa se posiciona como una pieza estratégica que busca articular el ecosistema del litio desde tres dimensiones convergentes: generación de conocimiento científico abierto, validación tecnológica en condiciones reales y una gobernanza que incorpora, desde su diseño, la diversidad territorial de los salares.
Un ecosistema en transición: del recurso al sistema
El punto de partida es claro: los salares no son únicamente depósitos de litio. Son sistemas complejos, donde interactúan dinámicas hidrogeológicas, biodiversidad única y condiciones climáticas extremas. Entenderlos requiere una aproximación distinta, que combine ciencia de frontera con una mirada integrada del territorio.
INLiSa surge precisamente para responder a ese desafío. Su misión es generar, aplicar y compartir conocimiento científico-tecnológico para el desarrollo sostenible del litio, bajo el principio de que los salares poseen un valor intrínseco que debe ser gestionado de manera equilibrada en sus dimensiones económica, ambiental y social .
Este enfoque marca un punto de inflexión respecto del modelo histórico, donde la información sobre los salares ha estado dispersa o concentrada en actores puntuales, privados o academia. La apuesta del Instituto es avanzar hacia una infraestructura de conocimiento público que permita tomar decisiones informadas y reducir incertidumbres estructurales, con un espacio de ciencia abierta.
Uno de los ejes más visibles de este nuevo modelo es la construcción de una plataforma de pilotaje tecnológico que permita validar, en condiciones reales, las tecnologías futuras de la industria.
Para diseñarla, INLiSa llevó a cabo un proceso internacional de levantamiento de información (RFI), que convocó a actores de distintos países y generó un portafolio de 24 respuestas. El análisis de este proceso permite anticipar tendencias clave en el desarrollo tecnológico del sector .
El dato más evidente es el predominio de tecnologías de Extracción Directa de Litio (DLE) y procesos híbridos, que representan cerca del 70% de las propuestas. Sin embargo, el interés tecnológico es mucho más amplio e incluye desde procesamiento de arcillas litiníferas hasta rutas alternativas para la obtención de productos de alta pureza, pasando por soluciones diversas.
Este abanico confirma que la industria está en una fase de transición, donde múltiples soluciones compiten por consolidarse. En ese contexto, el rol de INLiSa no es elegir ganadores, sino generar las condiciones para que esas tecnologías puedan ser evaluadas con rigor.
A partir de este diagnóstico, el Instituto ha comenzado a estructurar un modelo dual: un carril para pilotos de alta exigencia —que requieren condiciones operativas completas— y otro para iniciativas modulares o de activación temprana. Esta arquitectura permite combinar flexibilidad con profundidad técnica, adaptándose a la diversidad de tecnologías en desarrollo.
El paso siguiente ya está en marcha. Durante 2026, INLiSa avanzará en la habilitación de pilotajes usando salmueras reales de salares chilenos, marcando el tránsito desde el pilotaje hacia la validación en terreno. Para este año, empresas de Australia, Países Bajos y Alemania han solicitado acceso a salmuera para realizar pruebas en condiciones reales, con volúmenes que alcanzan hasta 60 metros cúbicos mensuales.
La habilitación de estos pilotajes ha implicado un trabajo intensivo de coordinación logística, regulatoria y territorial, incluyendo permisos, condiciones operativas y articulación con actores locales. Más allá de su dimensión técnica, este proceso permite reducir una de las principales brechas del sector: la distancia entre el desarrollo tecnológico y su validación en contextos reales.
Soberanía de datos: la infraestructura invisible
Si la plataforma de pilotaje representa la dimensión más tangible del Instituto, la Plataforma de Conocimiento —basada en un sistema CRIS— constituye su columna vertebral.
El objetivo es construir una base de información científica pública, curada y estructurada, que permita superar la fragmentación histórica del conocimiento sobre los salares. Este sistema integrará datos en áreas como hidrogeología, biología, ingeniería y tecnologías de litio, generando una referencia común para investigadores, reguladores y tomadores de decisión .
Desde febrero, equipos especializados han avanzado en la recolección y sistematización de información, definiendo prioridades y metodologías de integración. Esta infraestructura no solo organiza conocimiento existente, sino que se alimenta activamente de evidencia generada en terreno. Durante este año, el Instituto desplegará campañas en salares estratégicos como Ollagüe, Ascotán, Caracote y Maricunga, en el marco de proyectos en colaboración, generando datos primarios que robustecerán la base científica disponible.
Hernán Cáceres, Director Ejecutivo de INLiSa comenta que uno de los problemas estructurales del sector ha sido la fragmentación de la información. “Lo que estamos haciendo en INLiSa es construir una base de conocimiento más robusta, abierta y útil para reducir incertidumbre y apoyar decisiones con mayor evidencia”, precisa.
En paralelo, INLiSa ha comenzado a articular redes de colaboración con actores nacionales e internacionales, incluyendo programas de investigación, iniciativas académicas y alianzas institucionales. Este ecosistema amplía el alcance del Instituto y refuerza su rol como nodo de conocimiento.
Gobernanza que integra ciencia y territorio
El sello distintivo de INLiSa es su gobernanza. Por primera vez en una institución de este tipo en Chile, los Pueblos Indígenas —habitantes ancestrales de los salares— se integran formalmente a la toma de decisiones estratégicas. Actualmente, el Instituto coordina un proceso participativo en cuatro regiones del norte para elegir la representatividad de los pueblos Aymara, Quechua, Lickanantay y Colla en su Directorio. Este diseño metodológico no solo busca legitimidad, sino que incorpora el conocimiento territorial directamente en la estrategia del litio.
El diseño metodológico privilegia el co-diseño y la participación directa, permitiendo que las propias comunidades definan los criterios que regirán su incorporación al Instituto. Esta aproximación no solo fortalece la legitimidad institucional, sino que también enriquece la base de conocimiento desde la cual se toman decisiones.
Al integrar distintas formas de conocimiento —científico y territorial—, INLiSa amplía la comprensión de los salares y fortalece la calidad de las decisiones estratégicas.
Proyección internacional: Chile entra en la conversación global
El posicionamiento internacional de INLiSa comienza a jugar un rol decisivo. La reciente incorporación del Instituto como Affiliate Partner a la International Lithium Association (ILiA) marca un punto de inflexión en su proyección global, que inserta a Chile en espacios donde se están definiendo estándares, prácticas y orientaciones estratégicas para la industria del litio.
Desde ILiA, la incorporación de INLiSa es interpretada como un aporte relevante a un ecosistema que busca avanzar hacia mayores niveles de innovación, sostenibilidad y articulación científica. En palabras de su Secretario General, Ronald Chavasse, la incorporación del Instituto aportará nuevas oportunidades de innovación y trabajo conjunto. “Su rol en la generación de conocimiento, articulación científica y desarrollo tecnológico en torno al litio fortalece significativamente nuestro ecosistema”, puntualizó.
Para Chile, este paso tiene una lectura más profunda. No se trata únicamente de participar en redes internacionales, sino de incidir en ellas desde una propuesta basada en evidencia, pilotaje y ciencia pública. En un escenario de creciente competencia por el liderazgo en minerales críticos, esta articulación posiciona al país como un actor que no solo provee recursos, sino que contribuye a definir cómo se producen.
Proyección: más allá de la extracción
El horizonte de INLiSa no se limita a optimizar los procesos extractivos. La apuesta es más ambiciosa, como es avanzar hacia una participación efectiva en las etapas de mayor valor de la cadena, a través de la configuración de condiciones habilitantes: generar conocimiento público, reducir incertidumbre tecnológica, articular redes científicas y facilitar la toma de decisiones basada en evidencia.
“Si Chile quiere generar más valor en esta cadena, necesita mucho más que recurso disponible: necesita capacidades científicas, tecnológicas e institucionales. INLiSa se crea precisamente para contribuir a esa base habilitante, desde una lógica de largo plazo” comenta Hernán Cáceres.
Chile está, así, construyendo un modelo que trasciende la lógica extractiva tradicional. No como una definición declarativa, sino como una arquitectura en desarrollo, donde pilotaje, ciencia abierta y gobernanza se integran como componentes de una misma estrategia.
En un contexto de demanda creciente y competencia global intensificada, la ventaja ya no estará en la disponibilidad del recurso, sino en la capacidad de comprenderlo, gestionarlo y proyectarlo con inteligencia.
Más que un actor sectorial, INLiSa representa una apuesta país: no solo participar en la industria del litio, sino contribuir a definir su evolución. Pues el verdadero diferencial será quién es capaz de transformar el litio en conocimiento, tecnología y capacidad de decisión.



